Bueno, el día esta siendo movidito, no se donde se ha escondido Brillana que me he tirado diez minutos buscándola... Para encontrarla asomada a la puerta de la terraza. Juro y perjuro que había mirado allí, yo preocupado y ella seguro que roncando.
Hay de todo hoy.. No se bufan, pero se pegan cada persecución y manotazo, que si no viera que no se ensañan y al minuto están tan tranquilas una al lado de la otra, empezaría a preocuparme. Para mi que están decidiendo quien es la jefa, pero yo soy un mayordomo que las voy a tratar a ambas por igual, que esto es una república con dos reinas.

(Bueno, estos días atención extra a Bídoc, que de ser la dictadora de casa, se encuentra con otra déspota que le dobla el tamaño.)
Tan pronto dejan de pelearse (Es un juego, seguro.. Tan pronto una es perseguida como perseguidora, y no he visto uñas), Brillana se pone a explorar su nuevo hogar, encontrando sitios que Bídoc no conocía. La muy gamberra ya ha encontrado todos los sitios imposibles, y alguno que no conozco. Y solo en 80m!!!! Bídoc detrás, repitiendo todo lo que puede o se atreve, allá donde mete la zarpa Brillana, la mete Bídoc.
Hace un rato se han dejado achuchar, era hora de la siesta. Por la mañana imposible, estaban muy ocupadas conociéndose. Las dos son muy diferentes:
Bídoc es una pasota adorable, cuando le apetece se deja acariciar, pero le cuesta mucho poner en marcha su motorcito, lo reserva para la noche. Eso si, pone una cara de gustirrinin... Pero con o sin ronroneo, responde a las caricias, se pone cómoda, ofrece las partes que quiere que le acaricien, se pone a lamerme como si fuera uno mas de la camada. Y cuando se cansa, lo hace saber y se cambia de sitio. Por la noche es otra historia, pone el motor a tope de revoluciones y intenta amasar los lugares mas incómodos, menos mal que le mantengo las uñas a raya pese a su oposición.
Brillana no pierde el tiempo. Se deja tocar incluso cuando esta jugando. Cuando le apetecen las caricias, lo hace saber poniendo en marcha su motorcillo al instante, y se me sube encima como si fuera un mueble mas, me ha llegado a pisar la cara. Eso Bídoc ni por asomo, solo me pone las zarpas encima para usarme de escondite si no es por la noche.
Hace un rato han empezado a jugar con sus juguetes. Brillana no le hace ni caso a las pelotitas de papel de aluminio, así que Bídoc puede seguir regateando tranquila. En cambio, un par de peluches a los que Bídoc ni caso, ya están uno decapitado y el otro con la cola amputada. El problema es que ambas se vuelven locas con el mismo juguete, y como Brillana pesa el doble casi, mide el doble, y salta el triple, Bídoc no tenia mas remedio que quedarse mirando. Solución salomónica, otra bolsa de supermercado sacrificada a mis princesas, bien dobladita, otro metro y medio de cordel con un lazo corredero en la punta, y ya tenemos dos juguetes y las dos contentas. Claro que a veces ambas se deciden por el mismo, pero ambas pueden cazar. Menos mal que solo tengo dos princesas felinas en casa, que sino, el tercer juguete me lo tendría que atar en partes que no conviene mencionar aquí.
Vamos, que estoy teniendo una suerte tremenda, y vaya panzada de reír esta tarde, entre Brillana haciéndome cosquillas en la barriga, y ambas persiguiendo una bolsa de supermercado. Es que son unas salvajes adorables, unas tigresas en miniatura con carácter. Un par de peazo gatas que han entrado en mi casa.