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 Antiguo 22-May-2008 #7 (permalink)
AIS
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Predeterminado Respuesta: El CuentaCuentos

El Primer Contacto

Aparqué el coche cerca del trabajo, casi un milagro. Miré mi reloj, todavía eran las 5:00, quedaba poco en esta noche oscura para amanecer.

Caminar por la zona medieval de Santiago, en noche cerrada y tristemente iluminada por vetustas farolas insertadas en la piedra centenaria, es una de las sensaciones más maravillosas que puede uno sentir, para un gran amante de esta ciudadela como yo..

En el callejón de Rúa do Vilar, cerca de la catedral, bajando unas escaleras, lo que antaño debió ser “Club de monólogos” de la Santa Inquisición para infieles y brujas, ahora a dos metros bajo tierra, este sótano estaba reconvertido en imprenta para unos de los primeros periódicos piratas nacionalistas de Santiago.

-Bos días Anxo-

-Hombre “Vic”, para no estár en nómina (quién coño estaba en nómina aquí?) desde luego eres el más puntual de los colaboradores, tosió bruscamente y acto seguido inhaló una espesa nube de humo de los tradicionales Celtas sin filtro.

-Para el ejemplar de este mes necesito algo diferente, ya no quiero más reportajes de meigas curanderas que me acostumbras a traer- dijo de un tirón sin quitar el cigarro de la boca, mientras apretaba los ojos en vano intento de aparentar un tipo duro.

-Quiero algo nuevo, muy tradicional, muy gallego, entendido?- esta segunda y más grande aspiración feroz de humo que acompañó el termino de sus palabras, me hizo dar vueltas la cabeza.

Con un adelanto de 5.000 puñeteras pesetas, para gastos de investigación, soborno y transporte a descontar de mi posible paga (en función de la calidad del artículo presentado), non tenía ni para viajar a más de 30 kilómetros a la redonda, ni para llegar a Padrón.

-Dirección a la Galicia profunda, a la procura de tradición y cultura- me dije en alto, con sorna.

Giré la llave del coche, no arrancó.

Ajusté el espejo interior, no sin cierta dificultad debido a la gran colección de amuletos y avalorios que lo adornaban; el ruido de unos pesados y rítmicos pasos por la oscura calle empedrada, hizo que mis curiosos ojos escudriñasen la noche

Y entonces lo ví.

Con la cabeza cubierta con una especie de saco aterciopelado azabache, aquella pequeña figura caminaba encorvada, apresurada, guiada de la arrugada mano de una anciana sin rostro, envuelta en negros ropajes de la cabeza a los pies (según típico rito rural galaico)

De inmediato su estrafalaria estampa me recordó familiarmente a John Merrick (El hombre elefante), pero quizás en su dura y desconocida infancia.

Al pasar por la ventanilla abierta de mi destartalado diesel, mi mirada coincidió con un enorme y enigmático ojo verde, que se podía ver gracias al único orificio del saco que le cubría el rostro. Mostraba una dulce y extraña pupila que se comprimió en vertical al coincidir bajo la amarilla luz de la farola, una ligera y agradable vibración sonora le acompañaba, como un ralentí, como un ronroneo.

Mi cuerpo tuvo un ligero estremecimiento, pero me sentía relajado…con un grácil gesto de su cabeza, y girando la mano libre enfundada en un guante sin dedos, hizo ademán de saludarme.

Continuará
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