A Bastet le encanta que le acaricie la cabeza, pero sabe distinguir las intenciones en cada momento, además de la razón de mi reacción. Yo, a veces, cuando quiero que se quede quieta, le cojo la piel de la nuca a la vez que le miro a los ojos y le doy los toquecitos.
Sólo necesito hacerlo una vez. No tienes idea de lo que me ha resuelto en términos de conducta.