Ozzy es el gato más bueno del mundo, llegó a mi casa, enganchó el sofá y ahí sigue, solo se mueve para ir a la arena y a comer (mucho). Él pobre no se puede creer que esté de nuevo en una casa, te mira, te abraza, te amasa, de verdad que es un ángel, buenísimo, lo mal que lo ha pasado en la protectora la criatura, allí tiene cubiertas sus necesidades básicas, evidentemente, pero un gato tan cariñoso sin apenas contacto humano...