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Mensajes: n/a Mis mascotas:Haz click aquí para rellenar este campo. | El Cuenta Cuentos IV. Roxanne From Hell Parte I. El Callejón Londres 8 de noviembre de 1888 El rítmico retumbar de los cascos de los caballos, el chasquido del látigo y el crepitar de las ruedas sobre los adoquines de la calle, eran los únicos sonidos que rompían el silencio del oscuro callejón a esas tempranas horas. La niebla envolvía el negro carruaje, cuyo conductor de un enérgico tirón de riendas dio por finalizado el trayecto. Había llegado a su destino. La figura de gran estatura fue la primera en bajar. Un caballero de porte elegante, arropado con un carísimo abrigo negro de astrakan y fino sombrero de copa, cuya sombra ocultaban unas sienes canosas y una gran cicatriz que atravesaba el rostro. Observó su alrededor, se deshizo de unos de sus guantes para con la yemas de sus dedos afinar una de las puntas del bigote. Apoyado en un bastón cuyo extremo superior de marfil representaba la cabeza de una extraña bestia africana, extendió la mano desnuda para ayudara a descender a la dama que lo acompañaba. De un grácil salto, evitando la escalerita plegable del carruaje y demostrando una agilidad endiablada, Roxanne Eissman se plantó delante de su marido Vícthor. Sin rubor alguno y rompiendo la rígida moral victoriana, le besó húmeda e intensamente en los labios, mientras le acariciaba la púrpura cicatriz de su cara, demostrando un amor pleno, sin excepciones,… un amor verdadero. Un magnífico vestido verde oscuro, realzaba aún más su exquisita belleza de ojos pequeños y finísimo pelo castaño, pero no siempre habían sido días de vino y rosas. Parte II. Miss y Mr Eissman La joven pareja Eissman arribó quince años atrás en el puerto de Dover sin un mísero penique en el bolsillo, huyendo de la miseria en su Polonia natal. Mudados al viejo Londres en el distrito de Whitechapel, no pudieron desembarazarse de la extrema pobreza de la cual intentaban huir.  Desahuciados, Roxanne ejerció la prostitución y Vícthor Eissman buscó fortuna en el duro hacer de los estibadores del puerto, pero no era suficiente. Aprovechando sus conocimientos de barbero, se alistó en el ejército británico como ayudante médico, sin duda fue el mayor acierto de su vida. Destinado en África en plena Guerra Zulú, fue uno de los pocos supervivientes de la heroica defensa del Barranco de Rourke en enero de 1879, bastión decisivo para la victoria final en la mítica batalla de Ulundi. Licenciado con honores y condecorado personalmente por Lord Chelmsford jefe de la campaña y la mismísima reina Victoria, la suerte se alió con los Eissman. Con la magnífica pensión del ejército, se mudaron a la zona de la alta sociedad de Londres, donde abrieron su propio negocio, un selecto y exclusivo Salón de Belleza. Las secuelas de la guerra habían marcado el rostro de Víctor, pero las secuelas de la calle marcaron mucho más profundamente a Roxanne. Superó una terrible sífilis, pero a cambio de sobrevivirla, el diablo se quedó con lo que ella más ansiaba, su derecho a la maternidad. Una Roxanne frustada por no poder engendrar hijos, volcó su amor por otras criaturas también pequeñas y revoltosas, los gatos. Roxanne no tienes que ponerte en la luz roja esos días se han terminado no tienes que vender tu cuerpo a la noche Roxanne no tienes que ponerte ese vestido por la noche caminar las calles por dinero no te importa si está mal o si está bien |
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