A Bastet lo de no pasar los lÃ*mites de las ventanas le ha costado un susto (y el mÃ*o...). Nuestro comedor tiene doce metros de ventanas asÃ*, a pelo. Al principio le gustaba subirse y hacer equilibrismos, pero con el dedito tuvo bastante.
En las ventanas de otras habitaciones hay alféizar, como de quince centÃ*metros, y, como hace calor húmedodelamuelte le gusta salir al fresquito; asÃ* que lo tomó como costumbre, y como trabajamos en casa, estamos vigilándola y no pasa nada.
Pero últimamente la veÃ*amos poniéndose 'valiente' acercándose demasiado al borde, y enseguida la reñÃ*amos. Pero ha aprovechado que ha venido un amigo a cenar para ponerse a curiosear, y al final se ha caÃ*do. Como vivimos en un primero, debajo hay un restaurante chino que tiene unas barras de madera como de cinco centÃ*metros sosteniendo las letras, y se ha podido enganchar ahÃ*.
Peeeeero eso queda muy lejos de las ventanas del comedor, que son de todo el muro, con medio cristal fijo. AsÃ* que hemos tenido que bajarle una cesta atada con sus correas de ir a pasear y la hemos podido subir a casa de nuevo. Un susto para todos, y con missión de rescate incluÃ*da.
Todos hemos aprendido de eso: Basti ya no curiosea los bordes, y yo no me muevo si la ventana está abierta