Este había sido un mal año en general, y el día de mi cumpleaños decidí quedarme en casa, sola. Necesitaba tranquilidad, sosiego... era un 31 de julio. Aquella noche, oí maullidos desde mi habitación, no me pareció extraño porque por aquí hay muchos gatos callejeros, pero... me angustió porque eran "llantos gatunos". Me asomé, y no ví nada... se me pasó por la cabeza bajar a ver... y rechazé la idea enseguida... "lo que faltaba, salir a buscar un gato a las 2 de la madrugada...".
A la mañana siguiente, salía de casa cuando... sin más, en vez de coger el ascensor para bajar, decidí hacerlo andando. Recordaba los maullidos de la noche anterior, tan cercanos, y fue como una corazonada, me sentía un poco ridícula... pero empecé a bajar las escaleras...
Y allí estaba ella... acurrucada en un ricón de la escalera, mirándome fijamente... parecía una gata adulta, desnutrida, me agaché manteniendo las distancias, para que no se asustara, y la llamé lo más dulcemente que pude... ella vino a mí, me dejó acariciarla, ronroneó, mientras yo casi lloraba de emoción y me preguntaba cual sería el siguiente paso...
Fue sencillo: empecé a subir las mismas escaleras que acababa de bajar, despacito y hablándola dulcemente, ella me siguió hasta la misma puerta de casa, y al abrirla, entró. Me seguía a todas partes, y no tenía miedo alguno. Le puse agua, sopita de pollo, leche y una mantita, y la dejé en la cocina para poder salir a comprar lo imprescindible...
Llegué a casa con pienso, latitas, arena, la caja de arena, una pelotita para jugar, y los ojillos que me hacían chiribitas de la ilusión...
Pasé todo el día con ella, las dos tumbadas en mi cama, comió, vomitó, estaba malita... tenía la tripita como si hubiera dado a luz recientemente, y no paraba de rascarse plagadita de pulgas..., pedía mimos y se dejaba mimar, no dejaba de ronronear al mínimo contacto o susurro... No quería perderla de vista ni un momento, hasta que el lunes pudiera llevarla al veterinario...
Me decía a mí misma que no tenía intención de quedármela... solo hasta que estuviera sanita y le encontrara un buen hogar pero... qué tonterías quiere creer una a veces... imposible despedirme de ella. Además, fue mi regalo de cumpleaños, un regalo de la vida, y los regalos, no se devuelven, verdad?