A mi Currín.
Por las tardes lluviosas en las que me hacías compañía.
Por tu afición a perseguir caramelos.
Por jugar, saltar, correr, arañar y ronronear.
Por darme calor por las noches.
Por tener tantos mimos que llegabas a aburrir.
Porque querías ser como Casillas.
Por cuánto te gustaba que te cepilláramos.
Porque intentabas robarme comida del plato.
Por ese miedo que tenías al camión de la basura, al secador, al aspirador, a los butaneros, pizzeros y repartidores en general y a las gaviotas.
Gracias por haber sido mi gatito del alma.
Ya te estamos echando de menos.
Que duermas bien, mi pequeñín.
Adiós Curro