Amanece en la Vieja Compostela
La alarma del despertador empezó a sonar a la 4:00 am, pero hasta que con la vibración llegó al vaso de agua (que como siempre con un buen libro acompaña mi mesilla de noche) y el tintineo se hizo insoportable no me levanté. Cómo es posible que aun no haya cambiado la hora?? … un año trabajando como estibador en el puerto de Ribeira, (duro, pero bien pagado) habÃ*a conservado mi costumbre madrugadora, cosa que mi gato blanco peludo y yo no tenÃ*amos en común, pues aún dormitaba debajo de la cama abrazando una de mis botas. Un café ligeramente manchado de leche y muy azucarado, era lo único que mi cuerpo podÃ*a tolerar en los amaneceres de mi vieja ciudad; los excesos de mi época de estudiante universitario en el viejo Campus Compostelano habÃ*a hecho mella en mi ahora delicado sistema digestivo. Llené el gran cuenco de comida de Ais hasta los topes al igual que su bebedero, pues como siempre, no estaba seguro de la hora o el dÃ*a en que regresarÃ*a a casa. Unos vaqueros cuyas perneras estaban impregnadas del pelo blanco de mi fiel amigo, la vetusta gabardina y una camiseta negra era los ropajes preferidos de mi escaso ajuar, que convivÃ*an en el estrecho armario del apartamento de alquiler con las bolitas de nafta; y por supuesto las eternas compañeras de caminatas por las verdosas y farragosas “corredoriras†gallegas,…las botas rojas Dr. Martens;…. aún me acuerdo de aquel dÃ*a en Barcelona y del tipo que me las “regalóâ€. -eh tÃ*o!!, no me oyes?-
Ni siquiera giré la cabeza, jamás atiendo a provocaciones, y menos ahora que con una Polaroid tomaba unas instantáneas de aquellas fascinantes gárgolas de la parte superior de la callejuela barcelonesa.
-Tú!! Ves a alguien más con nariz de cuervo, bigote y perilla de cabrón!!....-esta vez me gritó a unos centÃ*metros de mi cara, sintiendo su fétido aliento a alcohol, y su húmeda saliva comenzaba a brotarle excesivamente por la comisura de sus labios.
-Que ostia llevas en los bolsillos!!-replicó aquel enorme fulano de largas melenas y gran falta de higiene.
Aguanto bien insultos y provocaciones, pero el lÃ*mite lo puso su violento y seudo intento de cacheo acompañado de un espeso escupitajo en la gabardina.
Vivir sólo, a duras penas, es muy jodido, y ya tengo suficientes problemas para tener que gastar más tiempo en la puesta a punto de la ropa.
-En compensación por las molestias, me agencio tu magnÃ*fico calzado- le dije mientras ataba los gruesos cordones de las botas. HacÃ*a casi dos años que no cambiaba las zapatillas de plantilla mezcolanza de los mejores diarios gallegos.
Lo ayudé a incorporarse del suelo, totalmente desorientado y descalzo, balbuceaba en vano intento por comprender lo sucedido. El tremendo impacto de mi rodilla en su ingle fue demoledor. Le puse las viejas deportivas en la mano y le metÃ* 3.000 pesetas en el bolsillo, mientras lo acompañaba a la terraza de una pequeña taberna, para que se despejara un poco; coño! tan poco soy tan mala persona.