Ballena sacrificada y abandonada

Sídney (Australia), 21 ago (EFE).- La cría de ballena abandonada hace cuatro días por su madre y que permanece pegada a una embarcación que confunde con su progenitora, en aguas al norte de Sídney, será sacrificada, porque su estado ha empeorado mucho, informaron las autoridades australianas.

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“Hemos decidido que es en el mejor interés de la ballena. Ha sido una decisión difícil”, anunció un portavoz del Servicio de Parques y Naturaleza del estado de Nueva Gales del Sur, cuya capital es Sídney.
El funcionario no dijo cuándo será, pero señaló que los expertos consideran que debe ocurrir “lo antes posible”.
Colin, como es conocida la ballena jorobada en los medios australianos, tiene dos semanas de vida y mide cuatro metros de largo.
Los expertos de biología marina del “Proyecto Oceanía” apuntaron que existe la posibilidad de que la contaminación acústica causada por el paso de barcos por las aguas de Sídney provocase que perdiera el contacto con su madre.
El ruido que producen los barcos puede cortar las líneas de comunicación sónica entre ballenas, explicó Wally Franklin, uno de los especialistas del proyecto.
Franklin, que lleva 20 años estudiando ballenas jorobadas, explicó que las hembras no acostumbran a abandonar a sus bebés y que tienen un instinto maternal extraordinario.
Los expertos habían analizado los últimos días las opciones que tenían para salvar a Colin después de que la sacasen a mar abierto y volviera al lugar donde la hallaron.
Una posibilidad estudiada era tratar de devolverla al océano y dejarla allí sola si no establecía contacto con otros cetáceos y conseguía una madre adoptiva.
Otra opción sopesada fue criarla, para lo que se habrían requerido hasta 600 litros de leche diarios y unas treinta personas para alimentarla durante los once meses de lactancia.
Las aguas del sur de Australia han registrado durante los últimos meses un número récord de avistamientos de ballenas, según la Oficina de Turismo de la región.
Durante esta temporada los turistas y expertos han podido disfrutar de más de 166 tipos diferentes de ballenas que visitan esas aguas de paso hacia zonas más frías de la Antártida. EFE