La mirada de Spike

Era finales de septiembre y acabábamos de mudarnos por cuestiones de trabajo. Hacía poco que Salem había llegado a nuestra vida y no teníamos ni intenciones ni pensamiento alguno de ampliar la familia felina. Pero la noche del 29 de septiembre cambió toda mi vida: una compañera subió a mi casa alterada, con un gatito en brazos que se le había ido a los pies mientras cenaba en una terraza…

El enano era un saquito de pulgas orejón. Fue a la bañera enseguida, asustado y temblando, soportó sin quejas el baño y la pipeta antipulgas, el secador -que ahora odia- y la sesión del despulgamiento. Yo no tenía intención de adoptarlo todavía, pero entonces, mientras le quitábamos las pulgas que se le metían en los ojos y la boca, me miró profundamente a los ojos, con una mirada que todavía hoy, al recordarla, hace que se me salten las lágrimas: Spike había venido para quedarse, me lo había traído la vida, había llegado a su casa y yo había llegado a la mía cuando lo conocí.

Él es el responsable de que mi casa se llenara de michos callejeros, de que sea incapaz de volver la vista cuando me cruzo con un gatito en la calle, de que mi familia y mis amigos se aficionasen a los felinos… A su nobleza le debemos el descubrimiento de que en las cosas pequeñas está la felicidad que buscábamos.

No te procupes todos empezamos por uno y ya sabes yo por ejemplo tres y uno, ya no puedo ni mirar los post de adopciones o de cachorros porque me veo con otro en 70 m y no puede ser.

eso eso queremos fotos de los pekes… que ganassssss