Los gatos y los niños


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Los niños y los gatos, la eterna preocupación. Luchemos contra la ignorancia.

El tema de los gatos y los niños empieza a preocupar a las madres incluso antes de que los niños nazcan; preguntas como “¿es peligroso que tenga un gato?” “¿me puede contagiar algo?” son frecuentes en las consultas de los tocólogos y ginecólogos que llevan los embarazos de las mujeres. Si tienen la suerte de dar con una persona informada y actualizada, las respuestas más apropiadas serán las de “lo primero que tiene usted que hacer es llevar a su gato al veterinario, que le hagan una prueba de toxoplasmosis y descartar si es positivo o negativo en el parásito”. Esa es la respuesta de un profesional, por contras, nos encontramos con profesionales obsoletos e ignorantes en este campo y aún son muchos los que aconsejan deshacerse del gato e incluso no ir a casa de amigos que tengan felinos. La toxoplasmosis es más fácil contraerla por comer embutidos crudos caseros, carnes poco hechas y por verduras mal lavadas, que por acariciar a nuestro gato o cambiarle el arepero. Unas medidas básicas de higiene harán que nuestro compañero disfrute tanto de nuestro embarazo como nosotras mismas. Es un placer ver como el gato se tumba en la barriga para poder escuchar el balanceo del feto, ese sonido que nosotras sólo podemos oír a través de los ultrasonidos, ellos lo escuchan con una claridad meridiana, y ahí empieza la comunión del gato con nuestros hijos, ya en el embarazo, no les aislemos de este acontecimiento, también son parte de nuestra familia.

Muchas temen la reacción de los gatos cuando llega el bebé, temen por sus celos, pero lo cierto, y es que quitando excepciones, los gatos no suelen ser celosos, no en el sentido que le damos nosotros o que pueden padecer los perros, los celos de los gatos vienen más dados a déficit de atención. Si aquella caricia matutina que siempre le dabas al desayunar, el gato notará su falta, y su forma de hacértelo saber, pueden ser muchas, desde mostrarse apático a orinar fuera del arepero. Los listos te dirán, “es que siente celos del bebé, ten cuidado que le puede atacar”, cuando la realidad es que el gato, como animal de costumbres, lo que le sucede es que te dice, “hasta ayer me acariciabas por las mañanas mientras desayunabas, hoy ya no lo haces y yo necesito esa caricia, tengo que hacértelo saber”. No cambies nada, intenta seguir con el mismos comportamiento con tu gato, y tu gato seguirá disfrutando de la vida que tenía hasta ahora y seguirá con enorme curiosidad a ese ser humano chiquitín que produce sonidos felinos y desprende calor.

UN GATO NO ES UN JUGUETE. Del mismo modo que no dejaríamos aporrear contra el suelo una valiosa figurita de porcelana a nuestros hijos/bebés, tampoco podemos dejar que usen sus orejas, sus bigotes, su rabo, o su piel como juguetes, no beneficiamos a nuestro hijo al dejarles hacer eso, no podemos consentir bajo ningún pretesto que un niño cause daño, voluntario o involuntario a ninguno de nuestros animales. Un gato al que se le está causando dolor, por ejemplo si le tiran del rabo, primero se quejará maullando, hacto seguido al no verse librado del dolor, intentará librarse él, y lo hará mordiendo, será sólo un aviso de “suéltame, me estás haciendo mucho daño”, porque si un gato quiere atacar lo hará muy violentamente y os aseguro que prefiero el ataque de un PitBull al verdadero ataque de un gato. Las consecuencias de dejar hacer daño a los niños a nuestros gatos, sólo por seguirles la gracia, son que el gato jamás confiará en el pequeño, y eso es muy triste, porque no hay nada más bonito que ver a un gato durmiendo placidamente en la cama o en la cuna de un niño.

TODA BUENA RELACIÓN DEL SER HUMANO CON SU ENTORNO TIENE COMO BASE EL RESPETO HACIAE LOS DEMÁS. Es nuestra responsabilidad como padres el enseñar a nuestros hijos el respeto hacia quienes nos rodean, y eso vale también para nuestros gatos, si les enseñamos que un gato durmiendo puede aceptar caricias, que seguramente desencadenen en un placentero ronroneo, si les enseñamos a ponerles agua limpia, o a cambiarles el pienso, contribuiremos al conocimiento de nuestros hijos hacia estos animales tan sensibles y lo más importante, nuestros gatos querrán a nuestros hijos, su relación será especial, nos avisarán cuando lloran, cuando se despiertan, cuando ocurre algo o simplemente los observarán sin quitarles ojo de encima mientras los críos juegan.

La relación de niños y gatos es una relación única, pone en contacto a nuestros hijos con una de las almas más sensibles de todos los seres vivos: Los gatos. Es un gran favor el que hacemos a nuestros hijos si les permitimos vivir en compañía de estos seres tan formidables, con ellos le estamos enseñando lo más importante del mundo, el cariño sin condición.

Consejos de Carácter Felino.